Descubrimiento sorprendente: personas madrugadoras comparten genes con este misterioso homínido

Descubrimiento sorprendente: personas madrugadoras comparten genes con este misterioso homínido
persona mañanera

En el vasto espectro de los hábitos humanos, el ser una persona matutina o vespertina puede parecer una simple preferencia. Sin embargo, estudios científicos sugieren que la inclinación a despertarse temprano y sentirse lleno de energía con el alba podría estar codificada en nuestros genes. En particular, investigaciones recientes han descubierto una conexión entre nuestras predisposiciones matutinas y la herencia genética de un homínido ancestral.

La ciencia ha identificado varios genes relacionados con el «cronotipo» de una persona, es decir, la tendencia natural de cada individuo a dormir en ciertos momentos. Se ha hallado que las variantes genéticas en ciertos individuos los predisponen a ser más activos y alertas en las primeras horas del día. Esta característica puede ser rastreada hasta los denisovanos, una especie extinta de homínidos de la cual los humanos modernos han heredado una porción de su ADN.

Los investigadores han analizado el genoma de los denisovanos y han encontrado que compartían muchos alelos con los humanos modernos que prefieren levantarse temprano. Esto sugiere que algunos de nosotros podríamos haber heredado estas variantes genéticas que influyen en nuestro reloj biológico y, por extensión, en nuestra preferencia por las mañanas.

Los patrones de sueño tienen implicaciones significativas para la salud y el bienestar general. Ser una persona matutina se ha asociado con un riesgo menor de padecer trastornos del estado de ánimo y otras condiciones médicas. Además, se ha observado que las personas matutinas suelen tener hábitos más saludables, como una dieta más equilibrada y una mayor regularidad en la actividad física.

Aunque la predisposición a ser matutino o vespertino es parcialmente genética, el entorno y el estilo de vida también juegan un rol crucial. La exposición a la luz, los horarios de trabajo y los hábitos sociales pueden influir en nuestros ritmos circadianos. Personas que genéticamente son inclinadas a ser nocturnas pueden, con esfuerzo y cambios en su estilo de vida, ajustar su reloj biológico para adaptarse mejor a una rutina matutina.

Es importante mencionar que, aunque la genética desempeña un papel importante, no determina completamente nuestros comportamientos. La plasticidad y la adaptabilidad del ser humano permiten modificar y ajustar nuestros patrones de sueño hasta cierto grado, lo que significa que no estamos completamente atados a nuestra herencia genética en este aspecto.

Ser una persona matutina puede ser más que una simple elección de estilo de vida. La ciencia apunta a que la genética, específicamente los genes heredados de ancestros como los denisovanos, puede influir en nuestra disposición a aprovechar las primeras horas del día. Sin embargo, a pesar de esta influencia genética, somos capaces de modificar nuestros hábitos y adaptar nuestro reloj biológico a través de decisiones conscientes y cambios en nuestro entorno.